Viajar no solo amplía la mente, sino que también aporta una sensación de renovación. Las nuevas perspectivas que adquirimos en nuestros viajes no se desvanecen; pasan a formar parte de nuestros espacios y de nuestro estilo de vida. Si bien la arquitectura debe honrar siempre su época y su entorno, también ha de reflejar la identidad de sus habitantes y estar preparada para adaptarse a aquello en lo que estos se convertirán.


